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De Pello Olaberria y la fundamental figura del auxiliar

Noticia · 4 junio, 2019

Existe un estamento ciclista casi invisible, pero fundamental; un rol necesario, lejos de los focos, tan básico que sostiene toda la estructura y la misma sería impensable sin su presencia y su acción. Son sí, los auxiliares. Hacen de todo, desde masajear hasta conducir cuando no estibar cargas o avituallar en carrera. Y en las estructuras deportivas más pequeñas las tareas se multiplican. La polivalencia es un bien cotizado. Todos acaban haciendo de todo y sin su concurso la alta competición de este deporte sería imposible. En todas las estructuras deportivas de la Fundación Alberto Contador cuentan con su equipo. Pello Olaberria (Mutiloa, Gipuzkoa; 1994) es uno de los auxiliares del Kometa Cycling Team continental. El guipuzcoano afronta su segunda campaña en una estructura a la que perteneció en el pasado como corredor, en aficionados. “El mundo del ciclismo es mi pasión. Muchas veces hablo con amigos fisios o masajistas y les digo: ‘Que esto no es solo dar masaje y ya, no; el masaje dura dos horas y el día tiene otras 22. Hay muchas cosas que hacer’. Si no te gusta la bicicleta, no funcionará”, dice.

Olaberria fue profesional durante dos temporadas, enrolado en el Murias-Euskadi durante las campañas 2016 y 2017. La falta de ofertas le decantó por una retirada prematura para abordar nuevos proyectos. Había estudiado para ser masajista y había comenzado a sacarse el título de director. La Fundación Contador, en cuyo Flex-Specialized compitió durante dos temporadas antes de dar el salto al profesionalismo, fue compañero de Enric Mac entre otros, le abrió las puertas para el cambio de papel y la evolución profesional. “¿Si me hubiera gustado seguir un año más como corredor? Sí, pero más allá de esto, al final yo soy un enamorado de este deporte, es lo que más me gusta del mundo. Me apasiona a todos los niveles. Quería seguir en cualquier rol. Siempre he tenido buena relación con Fran Contador y con Rafa Díaz Justo, alguna vez habíamos hablado en broma ‘un día vas a ser nuestro ojeador’. De cara a 2018 me propusieron esto y ni me lo pensé. Una oportunidad inmensa. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia Fran”, indica.

El primer año de vida de una formación ciclista siempre es más intenso. Muchas son los tornillos que hay que ajustar para que toda la maquinara opere con normalidad y diligencia. Es una máxima válida tanto a nivel estructura como personal. “El año pasado al final resultó muy duro”, comenta Olaberria. “Tuvimos mucho trabajo, hicimos frente a muchos frentes… Esta temporada, con la experiencia acumulada, puedo llevar un mejor control del trabajo, no tengo que buscar tanto consejo o asesoramiento…”. En competición, muchos días fuera de casa, la jornada laboral comienza bien temprano y acaba bastante tarde. El sueño en ocasiones en una mera transición. A Olaberria, que le encanta la práctica deportiva al aire libre, no le importa incrementar el madrugón para salir a correr y poder ejercitarse. No siempre es posible.

La agenda diaria está cargadísima. “Cuando te dicen, a veces, ‘bah, al final un soigneur está mucho tiempo libre’, se piensan que te vas de vacaciones. ¡Vacaciones! Tienes por delante 25 horas en coche, tienes que levantarte súper temprano y acostarte mucho más allá de la media noche,… En alguna carrera también hago funciones de segundo director. Los masajes. Si tengo que preparar bidones, los preparo… ¡Es trabajo! Y lo hago porque es mi pasión”.

El día a día con el corredor es intenso y constante y no hay miembro de la plantilla que no tenga buenas palabras para Pello o para Jesús Lucio Dominguez, conductor del autobús, cocinero y también masajista. Al final se genera un vínculo muy fuerte cimentado en varios momentos de la jornada. Masajes, avituallamiento y asistencia post-etapa, traslados y otros desplazamientos, compañía en centros hospitalarios cuando ha tenido lugar alguna caída… Acaso el masaje sea el momento más especial de todos. Un momento donde compartir confidencias, donde mostrar inquietudes; momentos calmos para la reflexión. El masajista emerge como una figura fundamental. “Personalmente yo soy mucho de animar a los corredores. Sé lo que es un buen día, un día malo… Intento no tener ninguna mala palabra, apoyarles en todo. Me llevo bien con todos. Confío en ellos. Ellos confían a mí. Para un ciclista siempre puede costar mucho más hablar con el director, le puede imponer o cosas así. Conmigo es mucho más fácil. Y les puedo ayudar, canalizar sus inquietudes a Jesús o a Fran… Lo que necesiten”, aporta.

De Matteo Moschetti descansa algún que otro trofeo en las estanterías del domicilio de Pello Olaberria en Mutiloa. Y un dorsal de la pasada Vuelta a Burgos, en la que el lombardo ganó una etapa. El vasco hizo muy buenas migas con el corredor de Milán. “Al final de año me mandó a casa un regalo con una dedicatoria muy especial en agradecimiento a todo el año que compartimos juntos. En absoluto me lo esperaba. Fue un gesto impresionante. Matteo es el corredor más humilde que he conocido, es muy agradecido. Encima de la bici tiene mucha clase. Cualquier logro suyo me alegra enormemente”, recuerda.

La temporada es dura y larga, sí, pero siempre deja sus momentos para un esparcimiento que, cuando eres un enamorado del ciclismo, implica como mínimo montaña. Después de un intenso ciclo de competiciones, con hasta cuatro vueltas por etapas entre el calendario español y francés, un breve respiro previo a la Vuelta a Hungría, objetivo capital de la temporada. Olaberria se escapó unos días a los Pirineos. “Aprovechando que tenemos por allí una casa nos fuimos tres días. Aprovechamos para subir los grandes puertos, pero tranquilitos claro. Más cicloturismo. El Tourmalet me lo subí veinte minutos más despacio que cuando lo escalé hace dos años en la Ruta del Sur en una grupeta donde rodaban Elia Viviani, Ian Stannard y Daniele Bennatti. Me fui a recordar los viejos tiempos… pero a disfrutar”, bromea. Es la fundamental figura del auxiliar.

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